¡Salvajes! ¡Bárbaros! Gritaba Asuranceturix (también conocido en las Españas como Seguroatodoriesguix) cuando sus paisanos mostraban su… disconformidad con el estilo musical que practicaba el bardo. Toda la Galia estaba ocupada excepto ese maldito pueblo, y a él tenía que tocarle sobrellevar la pesada carga de convivir con unos zafios patanes que no eran capaces de ver que Asuranceturix era un avanzado a su tiempo. Un genio incomprendido, una figura marginada por una sociedad que no iba lo suficientemente rápido como para seguir ese progreso artístico. Claro que… los romanos, los godos (visigodos y ostrogodos) y tantos otros personajes pintorescos que aparecieron en las historias de Uderzo y Gosciny tampoco estaban muy por la labor de obrar en pos del progreso musical y dar apoyo a las innovaciones del bardo. Solamente los indios le adoraron. Visionarios… sin duda Sarasvati, la diosa del conocimiento, les iluminó en su avance.
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Cuando se habla de estrellas de la historia del deporte es inevitable que el nombre de Julio Salinas sea indefectiblemente ignorado. Sin embargo, lo que yo ignoro es el por qué. ¿Cómo es posible que un tío que ganó 6 Ligas, 4 Supercopas, 2 Copas del Rey, 1 Copa de Europa, 1 Recopa y 1 Supercopa de Europa, todo ello mayormente como delantero centro titular (aunque no siempre) sea tan poco valorado por el aficionado español? Un jugador que militó en los mejores equipos (Barcelona, Alavés, Sporting, Athletic, Atlético, Yokohama, Depor) y que marcó 23 goles en 56 partidos con la selección española (el equipo de todos). Con su estilo particular de regatear, esa forma de jugar que desconcertaba a propios y rivales, incluso a él mismo. Salinas ha sido un ídolo de la afición, pero nunca se le ha considerado un grande del fútbol de este país. Pero lo es, lo es. Que nadie lo dude. Tarde o temprano la gente verá cuán equivocada estaba con respecto al delantero de Bilbao, uno de los más excepcionales futbolistas que ha dado la tierra por debajo de los Pirineos.
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Ebenezer Scrooge era un tipo sencillo, trabajador, un hombre muy de su época. Le gustaba dejar el trabajo acabado antes de irse a casa, y le gustaba que sus empleados se identificaran con su empresa tanto como él. Bob Cratchit, su empleado, es un gandul, porque pretende irse a la cena de Nochebuena sin terminar el trabajo. Por supuesto, Scrooge le reprende. ¡Faltaría más! Lo único que faltaba en este país eran trabajadores vagos que prefieren irse con sus familias a quedarse en la oficina toda la noche si es preciso. Pero Ebenezer era blando, y por culpa de tres inoportunos espíritus perdió su sentido del orden y el trabajo. Parece que nadie entiende a Scrooge como realmente era, un señor honrado que quería lo mejor para todo el mundo, y la gente se empeña en verle como un viejo avaro y egoísta. Nada más lejos de la realidad. Scrooge debería haber supuesto un gran ejemplo para los empresarios de hoy día, pero la verdad es que los reblandecidos métodos actuales de disciplina en el trabajo no surgen el mismo efecto que la mayormente incomprendida severidad del señor Ebenezer Scrooge.
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Amado y odiado, pero incomprendido en ambos casos, José María Aznar. Mientras media península se balcaniza, como él muy bien predijo, y la otra media observa el proceso con reservas e ira contenida, el sabio ex-presidente nos habla de lo absurdas que son las prohibiciones de conducir bajo los efectos que produce la ingesta de alcohol. Acto seguido las hordas de rojos, separatistas, segregacionistas, judíos y masones se le tiran a la yugular en afán de desprestigiar al que es ya el nuevo modelo de conducta para todos los ciudadanos de bien. Realmente, sabemos que España no fue a la reciente (y todavía activa) guerra de las tierras persas por intereses económicos ni sobre el petróleo, porque eso es absurdo. Lo que pasa es que el incomprendido presidente, en ese momento abucheado por las masas, había sido – mal – informado de que la producción vinícola iraquí tumbaba de espaldas al más experto conductor. Y allí se fue a probarlo. Luego fue cuando se dio cuenta de que no había vino, y Bush se rió de él. Entre los amigos se gastan esas bromas.
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Eduardo Manos Tijeras es, probablemente, el mayor fracaso de la humanidad en lo que a tolerancia e integración se refiere. No es posible que un personaje capaz de crear semejantes cortes de pelo (y de otras cosas) sea despreciado por los que le rodean. Excepto de la mujer, que le tiene miedo, claro. Nadie ha alcanzado realmente a ver la cantidad de cosas para las que serviría hoy en día un ser como Eduardo Manos Tijeras (ahora Jack Sparrow). Podría trabajar en un restaurante cortando pepinillos a toda leche, fabricar confeti para celebraciones y festejos, matar a gente, ser el peluquero de las performers de Factor X... Pero ya no es posible nada de eso. Como todos sabemos, la vida de Eduardo terminó el día que fue al colegio y olvidó los Donuts.
¡Ahí va!
martes, 12 de junio de 2007
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3 comentarios:
Para todos los que no saben quién es Ebenezer Scrooge (que ya me lo ha dicho más de uno)...
leed un poco más a Dickens y un poco menos a Dan Brown!
Es el protagonista del Cuento de Navidad. Ese donde 3 fantasmas (pasado, presente y futuro) le hacen ver a Scrooge que no todo es trabajo y que hay que ser más flexible... obviamente están equivocados...
Scrooge, Aseranceturix, Aznar y Salinas en una misma entrada... Definitivamente GRANDE! Jajaja.
Quise decir AsUrancetúrix.
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