domingo, 17 de junio de 2007

Tangram

La vida es como el Tangram, ese juego chino que vuelve lelos a los obtusos y eufóricos a los iluminados. Yo, que no soy agudo – ni tampoco llano ni esdrújulo – no consigo acabar las figuritas de los cojones. Decía, pues, que la vida es como el Tangram. Tienes un montón de piezas de tamaño y forma fijos e invariables, y tienes que combinarlas como puedas, utilizándolas todas, para que encajen y formen figuras.

A veces es un perfecto cuadrado, de esos que inspiran seguridad solamente con verlos. Otras veces forma conejos, que estimulan la fantasía de los más ávidos de emociones, pero que no resultan muy estimulantes en sí mismos (en eso no se parecen la vida y el Tangram). En ocasiones formamos personas. De pie, sentadas, tumbadas, jugando al fútbol o al parchís, con la cabeza gacha, en el baño. Como la vida misma. Puentes, letras, pájaros, sombreros, casas, bichos de toda índole (incluyendo la ventaja de que en el Tangram pueden formarse también los animales que ya sirven para combustible).

Las formas abstractas, esas que podemos formar sin saber muy bien qué son, resultan al fin y al cabo, la salsa de la vida. Esas cosas que te gustan, o de las que te sientes orgulloso, o justo al contrario, odias con vehemencia sin saber muy bien por qué. La cuestión es que el desconocimiento y la ignorancia nos llevan a menudo a amar y odiar cosas porque sí. Es nuestra naturaleza.

El Tangram nos da la oportunidad de dar forma a esas emociones sin tener que deslustrarnos los dedos como los pintores contemporáneos, que plasman sus sentimientos y reflexiones en un colorido lienzo, mayormente incomprensible a los ojos del observador no experto. Afortunadamente, los chinos del año catapún eran muy cuidadosos y prefirieron alimentar la inquietud de las mentes, ávidas de conocimiento, con horas de planteamiento y resolución de los enigmas más complejos, y no con eternas sesiones de encochinarse los dedos de colorines.

La vida se resuelve como un Tangram. Coges las piezas, y las combinas de la forma que quieras. Al final, la forma resultante es la que te gusta, o mejor dicho, la que consigues construir sin desmoronarte antes. Al final, a mi no me encajan las piezas y solo me salen figuras con forma de cosas inidentificables. Será mi naturaleza…

No hay comentarios.: