martes, 28 de agosto de 2007

Hasta siempre, Antonio


El domingo por la mañana me desperté sin noticia alguna del Sevilla-Getafe. Había visto con unos amigos el Madrid-Atleti y luego nos fuimos de bares. Un día más de sábado, pensaba yo, como tantos otros. Por la mañana me desperté (quizá decir por la tarde sea más exacto) y mi padre me dijo "Viste lo que le pasó ayer a Puerta, el del Sevilla". Cuando me lo explicó, me quedé ciertamente sorprendido, pero no quise darle más importancia. Creí, o quizás quise creer, que todo quedaría en un susto. ¿Cómo un desmayo va a significar algo serio en un campo de primera división?

Sin embargo durante el día las noticias que iban llegando no eran buenas. Primero no había sido un simple desmayo, sino una parada cardiorespiratoria. Antonio se recuperó, pero desgraciadamente era sólo el principio. La última imagen que nos quedará de él fue de como salía por su propio pie del campo, con cara de mala leche porque le habían tenido que cambiar.

A partir de ahí, todo fue a peor. Nuevas paradas, noticias confusas, y un inquietante presentimiento que poco a poco se fue convirtiendo en una certeza. Las cosas no iban bien, el corazón de Antonio fallaba una y otra vez, y aunque los servicios médicos hacían lo que podían, su estado se agravaba.

Desde esta mañana, todos sabíamos en nuestro interior que habías perdido tu último partido, el más importante, pero también (y con mucho) el más difícil. La vida no siempre es justa, y a veces la (mala) suerte se ceba con quien menos te lo esperas. Un chaval de 22 años, con un hijo a punto de nacer, lleno de garra, de espíritu de lucha... Todos nos preguntamos por qué, que hizo que la rueda de la fortuna te diera la espalda como te la dio, en el mejor momento de tu vida. Nos resistimos a pensar que la vida pueda ser puro azar, aún cuando todo hace indicar que, efectivamente, lo que determina nuestra vida o nuestra muerte en muchos casos es poco más que una tirada de dados, un lanzamiento de moneda, o cuestión de sacar el naipe equivocado de la baraja. Injusto. Horrible y absurdamente injusto.

Hoy todos los aficionados al fútbol estábamos unidos. No había bromas piques amistosas, ni tampoco esas malas palabras que, por desgracia, muchas veces genera el fútbol. Hoy todos sentíamos que algo se nos iba, y que, al menos durante algún tiempo, nada volvería a ser como antes en nuestra Liga. Un compañero de foro decía "No me hago a la idea de ver una alineación del Sevilla en la tele y no ver el nombre de Puerta en la banda izquierda". Creo que todos sentimos algo así.

En uno de esos cómics que acumulo por docenas en mi habitación, una hermosa mujer dice a uno de mis personajes favoritos, Dwight McCarthy, una hermosa frase. "Recuérdame, Dwight, porque dicen que uno nunca muere del todo si alguien se acuerda de tí". Quien sabe, tal vez sea cierto. Si lo es, nunca morirás del todo Antonio. Siempre recordaremos aquel día donde Europa se levantó del sillón cuando humillaste a la defensa de mi Barça en Mónaco, o aquel día en que Andrés Palop primero y tú después convertisteis un partido perdido en el pasaporte a la final donde levantasteis vuestra segunda Copa de la Uefa consecutiva. O también, por desgracia, esa imagen tuya desplomado en el suelo, con tu compañero Dragutinovic intentando evitar que te asfixiaras con tu propia lengua. Sea como sea, siempre te recordaremos; por lo que fuiste, por lo que pudiste llegar a ser. Por tu hijo, al que no llegaste a conocer por muy poco, que merece saber quien fue su padre para poder sentirse muy orgulloso de él.

Soy consciente de que no tengo especial talento para escribir, pero quería hacer algo, darte este pequeño homenaje, y dejar salir esa sensación que me lleva comiendo por dentro desde que todos tuvimos claro que te nos ibas. No soy de lágrima fácil, ni mucho menos, pero en esta ocasión derramo algunas lágrimas por tí, por lo injusto que ha sido tu fin. Espero que allí donde estés seas feliz.

Te echaremos de menos, Antonio. Descansa en paz.

jueves, 5 de julio de 2007

Nox Eterna

Son las 4 de la noche, o de la madrugada, según como se mire. Para algunos es muy pronto, para otros muy tarde. Hay quien dice que se aprovecha más el día si uno se levanta con el sol, pero no por mucho madrugar te despiertas más temprano, y yo siempre me despierto tarde, aunque me levante temprano.

A mi me gusta irme a dormir ya bien entrada la noche. Pero lo de hoy ya es un poco exagerado. Lo que pasa es que no puedo dormir. Puede que sea el calor, puede que no consiga dejar la cabeza en blanco, puede que no encuentre la posición, o puede que esta tarde me haya pegado dos horas de siesta y ahora el cuerpo me mande a tomar viento en mis continuos y fallidos intentos de echar una cabezada. Todo es posible, nunca sabremos cuál es la razón, pero lo que está claro es que mañana a la hora de ir a trabajar no me voy a ver ni las manos cogiendo el croissant del desayuno.

Es la vida que escogí. La del músico. La del noctámbulo, del bohemio, del que sueña despierto y vive bailando en las fronteras de los reinos de Morfeo. La vida con la que muchos fantasean, pero que muy pocos realizan. Es como ser actor porno, pero sin irritación en los genitales. Muchos me envidian, y yo a veces también me envidio a mi mismo. Por jeta, por pausado, por cínico. Pero también les envidio a ellos. Por estables, por ordenados, por constantes.

Lo que sí sufro es el desplazamiento horario constante que supone vivir la vida que escogí y la que debo llevar a cabo para no sentirme muy mal conmigo mismo. Ir a trabajar cada mañana, aunque mi empleo me encanta, es un varapalo a la moral de alguien que aspira a dejarse arrastrar al otro lado de la frontera de lo que muchos consideran “una vida normal”.

Y en medio del mareo que supone vivir entre los dos mundos se halla un servidor. Por la noche una apariencia, de día otra. Como la princesa de Shrek hasta que la salva y se convierte en mujer-ogro. Afortunadamente, soy extremadamente guapo en ambas apariencias, de modo que eso no me preocupa.

Poder vivir de los sueños, propios y de otros. Poder compartir los pensamientos íntimos con otra gente, escribiéndolos en clave de canción.

Parece que mi vida va a ser un blog

jueves, 28 de junio de 2007

De festivales

Este pasado fin de semana estuve en un festival de música, uno de esos extraños sitios donde miles de personas se juntan para beber y ver decenas de grupos en pocos días. El festival en cuestión se llamaba Graspop Metal Meeting, y reunió a más de 30.000 personas en el pequeño pueblo de Dessel, allá por Bélgica. No voy a comentar los grupos que iban ni lo bien que tocaron, porque no es ese el tema al que me quiero referir hoy.

Al mismo tiempo, otro festival de parecidas características se desarrollaba aquí, en España. Más concretamente, el Monsters Of Rock de Zaragoza. Dicho festival ha generado, una vez más, polémica por su deficiente organización, como todo festival que se celebra en estas tierras. Año tras año, la gente sale de los festivales españoles echando pestes, mientras los que nos aventuramos en Europa volvemos encantados.

Y digo yo, ¿cuál es la causa de esa mala organización, de esa continua repetición de los mismos errores? Porque a primera vista el motivo es simple: ganar dinero. Pero año tras año, los grandes festivales de rock y metal veraniegos de Europa reúnen más y más gente, y por tanto las ganancias se incrementan. Aquí mientras tanto, el continuo baile de localizaciones, de fechas, de nombres... hace del todo imposible que tengamos un festival serio.

Por contra, año tras año tenemos a nuestras amadas promotoras dándose de leches, quitándose grupos, pisándose fechas, y demás cosas bonitas. Maniobras para aplastar a la competencia que sin embargo no consiguen que el público en festivales españoles aumente de manera significativa.

Así que, señores, promotores: ¿Tanto cuesta ser competente? ¿Tanto cuesta mirar a los demás cómo un espejo en el que observar que se puede mejorar, y no cómo competidores por el público? Piénsenlo, señores de las promotoras españolas. O si no, puede que llegue el día en que incluso la apática gente de este país les de la espalda. Que es lo que se merecen, por otra parte, pero es algo que por la salud del rock en este país no puedo desear que pase.

martes, 26 de junio de 2007

Seguimos con el plagio


El fichaje de Thierry Henry por el Barça ha desatado la euforia en los culés y ayer 30.000 de ellos se fueron al Camp Nou a ver su presentación, llegando 2 horas antes de la presentación incluso. Muchos aprovecharon para comprarse la camieta y ponerse el 14 y el nombre de Henry en la espalda. La gente está loca.

Pero en mayo del 2006, ya hubo un lumbreras que se compró una camiseta del Barça y se puso el 14 y el nombre del francés por París.

lunes, 18 de junio de 2007

Sin Licencia para plagiar

Cualquiera podría pensar que una de las cosas más emocionantes que puede hacer uno es rescatar a tiros unos planos secretos de un avión militar de los comunistas soviéticos, para luego darse a la fuga saltando en paracaídas. Una vez en tierra, coger un coche y liarte a correr como un poseído para que no te cojan los otros hasta que, finalmente, debido a tu mayor conocimiento de las calles de la zona, y también a un cierto factor suerte que siempre convierte todo en algo marcadamente más excitante, consigues que se estrellen contra algún muro, o les pase alguna desgracia parecida.

Pero la verdad es que estaríamos muy equivocados si pensáramos eso.

Lo realmente emocionante sería subir en paracaídas al avión soviético, matar uno a uno a los comunistas sin hacer el menor ruido y robar los planos secretos. Seguidamente, entrar en la cabina de pilotaje, matar a uno y dejar huir al otro mientras inutilizas los mandos del avión para que se estrelle. A continuación, saltar del avión sin paracaídas y dar alcance al rojo que ha huido en pleno aire, luchar a brazo partido y, finalmente, robarle el paracaídas. Mientras el comunista se hace papilla, aterrizar finamente, ya dentro del descapotable que te esperaba en tierra, y empezar una carrera con los malos en el que no se sabe muy bien quién persigue a quién, pero que finaliza con los malos saltando por los aires con destino a un río, un lago, un muelle, una frutería o un camión de conservas.

Para finalizar, no hay más opción que quitarse el mono de trabajo y sacar a la vista el Smoking, impecablemente planchado, que se encontraba oculto, esperando la ocasión de ser lucido. Sin necesidad de peinarse, aparcar delante de cualquier hotel lujoso donde algún magnate sospechoso de una cena para gente importante y apuntarse a la fiesta.

Que viva Roger Moore.

Y el Martini con Vodka.

domingo, 17 de junio de 2007

Tangram

La vida es como el Tangram, ese juego chino que vuelve lelos a los obtusos y eufóricos a los iluminados. Yo, que no soy agudo – ni tampoco llano ni esdrújulo – no consigo acabar las figuritas de los cojones. Decía, pues, que la vida es como el Tangram. Tienes un montón de piezas de tamaño y forma fijos e invariables, y tienes que combinarlas como puedas, utilizándolas todas, para que encajen y formen figuras.

A veces es un perfecto cuadrado, de esos que inspiran seguridad solamente con verlos. Otras veces forma conejos, que estimulan la fantasía de los más ávidos de emociones, pero que no resultan muy estimulantes en sí mismos (en eso no se parecen la vida y el Tangram). En ocasiones formamos personas. De pie, sentadas, tumbadas, jugando al fútbol o al parchís, con la cabeza gacha, en el baño. Como la vida misma. Puentes, letras, pájaros, sombreros, casas, bichos de toda índole (incluyendo la ventaja de que en el Tangram pueden formarse también los animales que ya sirven para combustible).

Las formas abstractas, esas que podemos formar sin saber muy bien qué son, resultan al fin y al cabo, la salsa de la vida. Esas cosas que te gustan, o de las que te sientes orgulloso, o justo al contrario, odias con vehemencia sin saber muy bien por qué. La cuestión es que el desconocimiento y la ignorancia nos llevan a menudo a amar y odiar cosas porque sí. Es nuestra naturaleza.

El Tangram nos da la oportunidad de dar forma a esas emociones sin tener que deslustrarnos los dedos como los pintores contemporáneos, que plasman sus sentimientos y reflexiones en un colorido lienzo, mayormente incomprensible a los ojos del observador no experto. Afortunadamente, los chinos del año catapún eran muy cuidadosos y prefirieron alimentar la inquietud de las mentes, ávidas de conocimiento, con horas de planteamiento y resolución de los enigmas más complejos, y no con eternas sesiones de encochinarse los dedos de colorines.

La vida se resuelve como un Tangram. Coges las piezas, y las combinas de la forma que quieras. Al final, la forma resultante es la que te gusta, o mejor dicho, la que consigues construir sin desmoronarte antes. Al final, a mi no me encajan las piezas y solo me salen figuras con forma de cosas inidentificables. Será mi naturaleza…

jueves, 14 de junio de 2007

ELLA


Cada día que pasa pienso qué sería de mi vida sin ella. Si no la tengo por casa, la tengo en el ordenador, si no, en la calle, e incluso cuando hago deporte, la llevo conmigo. Es parte de mí.

No logro entender a la gente que puede vivir sin ella. No entiendo a la gente que muestra absoluto desinterés por ella. No comprendo al indocumentado de turno que atiende a lo que manden las modas sin interesarse en nada más allá acerca de ella. No puedo.

NO.

Obviamente hablo de la música. Desde el rock hasta el rap, pasando por el pop o la música clásica, todo es válido. Incluso acepto Melendi como animal de compañía. Pero, por favor, ALGO.

¿Alguien comprende cómo una persona puede no tener el más mínimo interés por la música? ¿Hay algo que provoque las sensaciones que puede provocar una canción en una persona? ¿Con qué dinero se paga la primera escucha de ese disco que esperabas con tanta ansia?

Siempre había tenido la impresión de que hay gente que, a pesar de no mostrar interés por semejante arte, en el fondo de su corazón se podría emocionar con Papá Levante, Daddy Yankee o La tabla del 7 cantada por Miliki, pero tras el último acontecimiento ya me he dado por vencido.

He aquí:

Interfect@.- ¨¿Sabes dónde puedo encontrar una camiseta de los Ramones?¨
Senador Mido.- ¨Pues la verdad es que no, pero si quieres te puedo dejar el recopilatorio que acaban de sacar, que me lo he comprado hace poco.¨
Interfect@.- ¨No, no, deja, era sólo porque se la veo a mucha gente por ahí y me gustaría tener una, que es guay.¨
Senador Mido.- ¨Ah... Entonces, ¿qué música te gusta?¨
Interfect@.- ¨Uy, ¿yo música? ¡Qué va! No la escucho, me da igual.¨


Definitivamente hay gente que ni siente ni padece con ELLA.

¿Marchando una de Viagra en Clave de Sol?